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Historia de la Virgen


HISTORIA DE SANTA MARÍA LA REAL DE LA ALMUDENA


Dice la tradición, -que no la Historia-, que la primitiva Imagen de Santa María la Real de la Almudena, -seguramente románica o bizantina-, fue traída a España por el Apóstol Santiago, cuando vino a predicar el Evangelio. Dice que la talló San Lucas y la pintó Nicodemus. Es posible. Pero lo que sí es cierto es que en aquel pequeño villorrio visigótico, cuyo nombre ni siquiera ha llegado a nosotros, se veneraba una Imagen, llamada “Santa María de la Vega en su Concepción Admirable”, posiblemente por estar enclavada su pequeña capilla en la ya denominada Cuesta de la Vega.
Al producirse la invasión musulmana, los cristianos que le daban amoroso culto resolvieron esconderla por temor a que fuera profanada. Y así lo hicieron, dándose el caso, conmovedor por el inmenso amor que aún lleno de ignorancia suponía, de que una joven cristiana llamada Maritana encendiera dos velas a su lado, sin pensar ni saber por supuesto que aquellas dos velas necesitarían un oxígeno absolutamente inexistente en el cerrado recinto donde acababan de ocultarla…
Pasaron cerca de 400 años. La piel de España cambiaba sucesivamente de color al avance de una Reconquista que habría de durar ocho siglos. Y en Mayo de 1.085, al pasar el rey Alfonso VI por el pequeño poblado al que ya los moros habían dotado de nombre conocido por nosotros (Magerit), sus pobladores relataron al rey la historia de aquella Virgen escondida a la que, desde su liberación, venían buscando en vano.
Interesó extraordinariamente al monarca el relato de los habitantes de Magerit y, postrándose de rodillas, hizo un voto solemne: “Si conquistamos Toledo, prometo buscar la Imagen de Santa María de la Vega, hasta que consiga encontrarla”. Y aún hizo más. En tanto que aparecía la escondida Imagen, mandó pintar la figura de la Madre de Dios sobre los muros de la antigua mezquita, ya convertida en iglesia cristiana. Dándose el hecho de que el artista se inspiró en los rasgos de la reina Doña Constanza, hija del rey de Francia, por lo que puso en su mano una flor de lis, símbolo heráldico de la casa real francesa. Lo que naturalmente ha otorgado a esa Imagen el nombre de “la Virgen de la Flor de Lis”.
Toledo cayó naturalmente ante el avance imparable de las tropas de Don Alonso el Sexto. Y en el mes de noviembre, el rey regresó a Magerit, dispuesto a cumplir su voto.
Pero Santa María de la Vega seguía sin aparecer. Agotados todos los recursos, Alfonso VI decide recurrir a la palanca suprema: la plegaria. Y organiza una imponente procesión, encabezada por él mismo, en la que figuran todos los estamentos sociales: autoridades eclesiásticas, nobleza, ejército, pueblo… La procesión discurre en torno a la Almudayna, o fortaleza amurallada de Madrid (aquella “que al rey moro alivia el miedo”) y el quieto atardecer se estremece con el rumor de cánticos y rezos.
Al llegar al cubo de la muralla cercano a la Almudayna -o Alcazaba-, precisamente situado en aquel lugar de la Cuesta de la Vega durante tanto tiempo había sido venerada la Imagen desaparecida, unas piedras se derrumban. El sol acaba de ponerse, pero en la oscuridad de la noche se perfila un hueco iluminado: María de la Almudena está ahí. Pero no está sola. El prodigio se ha producido. Prestándole una infinita guardia de siglos, desafiando todas las leyes de la naturaleza y de la física, permanecen a su lado dos velas encendidas, sin consumirse. Acompañándola. Iluminando su encierro. Prestándole calor de amor “Sin ser tres siglos bastantes para mermarles la cera”*. Son las que encendiera Maritana. Las que fueran su primera Corte de Honor.

Era el 9 de Noviembre de 1.085.

* “El voto de Alfonso VI”, poema-leyenda firmado únicamente con las iniciales J.R., publicado en 1.870.


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La Virgen aparecida es entronizada con todos los honores en el Altar Mayor de la recién cristianizada mezquita.
Pero ya no es Santa María de la Vega. El pueblo le ha adjudicado el nombre del lugar donde estuviera escondida. Y surge “Santa María de la Almudena”. Alfonso VI le añade la realeza, (confirmando con ello únicamente la que la Madre de Dios, Reina de Cielos y Tierra, tiene “per se”), y ya queda completo el nombre que el que la conocemos hoy día: Santa María la Real de la Almudena. Ese nombre que tiene sabor de siglos y perfume de leyenda.


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SU PATRONAZGO

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Desde el momento en que Santa María la Real de la Almudena es entronizada Patrona con todos los honores en el Altar Mayor de la recién cristianizada mezquita por el Arzobispo de Toledo es, virtualmente, la Patrona de Madrid. Por voluntad de su pueblo. Por voluntad de su Rey.
Suponemos, muy justificadamente, que ambas voluntades serían sancionados con la aprobación de Roma. Teniendo constancia de que en el s. XIII se consideraba así. Lo que habrían de corroborar a lo largo de los siglos tanto los Reyes Católicos como Felipe II quien, al inicio de su reinado (1.569) hubo de venir a postrarse ante la Patrona de la que habría de ser capital de su reino.
En 1.884 el Papa León XIII expide la correspondiente Bula para que Madrid (hasta entonces dependiente de la archidiócesis de Toledo) tenga Diócesis propia.
Y en Agosto de 1.905 (más de ocho siglos después de su virtual entronización como Patrona en el antiguo Magerit) Su Santidad el Papa Pío X, (San Pío X), declara por Soberano Decreto Patrona de Madrid a Santa María la Real de la Almudena, señalando su festividad para el día 9 de Noviembre, “fecha gloriosa que recuerda la aparición de la Apostólica Imagen en el muro de la Cuesta de la Vega, en igual día y mes de 1.085”. Continúa el Decreto: “Aclamada por la Iglesia es Nuestra Señora de la Almudena, Patrona de Madrid, con oficio doble de Segunda Clase, que se rezará en toda la Diócesis el día 9 de Noviembre”. Se establecen el Introito y la Misa correspondientes, propios de la Patrona de la capital de España.
Hay en este Decreto Pontificio algo más, que confirma y da valor histórico a los que siempre habíamos creído tradición o leyenda: adjudica a la Imagen de la Virgen de la Almudena el título de “Apostólica”, título que únicamente se otorga a las imágenes relacionadas con la evangelización de España por el Apóstol Santiago.
El 10 de Noviembre de 1.948, a petición del entonces Obispo de Madrid-Alcalá y Patriarca de las Indias, D. Leopoldo Eijo y Garay, y mediante Bula Pontificia de S.S. el Papa Pío XII, de fecha 25 de Octubre de 1.948, Santa María la Real de la Almudena es coronada canónicamente Patrona de Madrid. Las coronas de oro, realizadas por el orfebre madrileño D. Juan José García, son costeadas por suscripción popular. El Jefe del Estado, Generalísimo Franco, otorga en ese día con carácter permanente los máximos honores militares (Capitán General con mando en plaza) a Santa María la Real de la Almudena.
El 1 de Junio de 1.977, a petición del entonces Cardenal-Arzobispo de Madrid, D. Vicente Enrique y Tarancón, S.S. el Papa Pablo VI, por Bula Pontificia de esa misma fecha declara “Patrona Principal de la Archidiócesis de Madrid-Alcalá con todos los derechos, honores y privilegios que le corresponden como tal, a la Patrona de Madrid, Santa María la Real de la Almudena”, extendiendo así su Patronazgo antes solamente referido a Madrid, a toda la Archidiócesis de la capital de España.
Ese mismo día, el Alcalde-Presidente del Ayuntamiento de la Villa, D. Juan de Arespacochaga y Felipe (1.976-1.978) consigue que el 9 de Noviembre, festividad de la Virgen de la Almudena, sea declarado en Madrid Fiesta Laboral.
(Hay que especificar que nuestra Patrona, además de serlo de la capital de España y ya de toda su Archidiócesis lo es también, específicamente, “de sus Cabildos Municipal y Catedral”).
Por último, el 10 de Junio de 1.993, durante el traslado solemne de la Patrona de Madrid desde la antigua Catedral de San Isidro hasta la suya, próxima a consagrarse, el Alcalde-Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Madrid, D. José María Álvarez del Manzano y López del Hierro (1.991-2.003) le hace entrega ante la Casa Consistorial del bastón de “Regidor Mayor” de la Villa y Corte. Y a su paso por Capitanía, el Capitán General de la Región Militar, D. José Faura Martín (1.993-1.994) ofrece, asimismo, a la Virgen un fajín de Capitán General, “renovando con ello” -son sus palabras- “los honores que se le concedieron con motivo de su Coronación Canónica, el 10 de Noviembre de 1.948”.
Por todo cuanto antecede, Santa María la Real de la Almudena, Patrona de Madrid, ostenta siempre junto con el fajín de Capitán General, los bastones de “Mando en Plaza” y de “Regidor Mayor de la Villa y Corte”. Así como a su paso se le rinden los máximos honores militares.

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LA IMAGEN

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La primitiva Imagen de Santa María la Real de la Almudena, románica o bizantina evidentemente, y posiblemente sedente tal y como figura en el arca funeraria de San Isidro (hoy en la Catedral de la Almudena), pudo desaparecer en un incendio acaecido durante el reinado de Enrique IV (1.454-1.474).
La Imagen actual, que se venera en la Catedral de su nombre, en Madrid, es de autor desconocida, aunque en opinión de D. José Mª. Azcárate Rístori, Catedrático de Historia de Arte de la Universidad Complutense de Madrid y Académico de la Real de Bellas Artes de San Fernando, pudo ser tallada por Diego Copin de Holanda, que trabajó en la Catedral de Toledo hacia 1.500.
La Imagen que se venera en la Cripta de la citada Catedral de Madrid, es copia de la anterior, encargada en 1.948 tras su Coronación Canónica, y se viene utilizando los días 9 de Noviembre para sacarla en procesión.

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EL TEMPLO

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Posiblemente su primer Templo debiera haber sido aquella Capilla situada en la Cuesta de la Vega, en la que se daba culto a “Santa María de la Vega en su Concepción Admirable”. Capilla que, al parecer, ha sido descubierta hace años, en el hoy llamado Parque de Mohamed I, contruída con materiales de la época pasando por debajo de dicha Cuesta, en su bajada hacia el Manzanares. Y cuya puerta de acceso puede verse, inconcebiblemente tapiada, en el muro que sustenta dicho desnivel.
El lugar en que se encuentra es el mismo en el que se cree apareció la Imagen en 1.085, ya que solo el ancho de una calle lo separa del muro de la Cripta de la Almudena, donde una Imagen de piedra, colocada en una hornacina, ha venido conmemorando siempre el lugar del hallazgo.
El segundo Templo fue la iglesia de Santa María, situada en la confluencia de las calles Mayor y Bailén, (la primera de éstas llamada entonces “Real de la Almudena”) con categoría de Colegiata, y donde, como queda dicho antes, se hallaba la anterior mezquita musulmana.
Iglesia en la que recibiera su culto de Patrona, Reina y Señora de Madrid, Santa María la Real de la Almudena, hasta que en 1.868, tras el triunfo de la Revolución de Septiembre del mismo año, el primer Ayuntamiento popular, so pretexto de nuevas ampliaciones en las calles en que se encontraba, mandó derribarla.
Y ahí da comienzo la larga peregrinación de nuestra Patrona por distintos Templos madrileños-121 años de los cuales pasó 39 en la antigua Catedral de San Isidro- hasta su entronización definitiva en la que habría de ser Catedral de su nombre, consagrada el 10 de Junio de 1.993 por S.S. el Papa Juan Pablo II. Único caso en la historia.
Catedral que, comenzada en 1.883 según el proyecto neo-gótico del marqués de Cubas, habría de finalizarse en la anteriormente citada fecha, de acuerdo con el proyecto neo-clásico de los arquitectos D. Carlos Sidro de la Puerta (1.911-1.983) y D. Fernando Chueca Gotilla (1.911-2.004), quien logra dar fin a la Catedral, tras 110 años de espera.

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EL VOTO DE LA VILLA

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Con independencia de los diversos votos realizados ante Santa María la Real de la Almudena por diferentes Cabildos, reyes y pueblo, el que podemos conmemorar como más importante es el que realizaron los Regidores el 8 de Septiembre de 1.646 con motivo del prodigioso cese, por mediación de nuestra Patrona, de las inundaciones que azotaron Madrid el 7 de Agosto de 1.645, por el que “esta Villa vota la asistencia a la festividad de Nuestra Señora por siempre jamás…”
En 1.977, con motivo del nombramiento por Roma de Santa María la Real de la Almudena como Patrona de la Archidiócesis de Madrid y primera celebración del 9 de Noviembre como fiesta laboral, el Alcalde, D. Juan de Arespacochaga y Felipe, decide trasladar la conmemoración del Voto de la Villa del 8 de Septiembre al 9 de Noviembre.
Voto que, a partir de la Alcaldía de D. Agustín Rodríguez-Sahagún, renueva anualmente en ese día el Alcalde de Madrid ante la Patrona.

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